Suba ha perdido 56% de zonas verdes por el desarrollo urbanístico

Humedal Juan Jaramillo.

Entre los años 1985 y 2015 las áreas urbanas de la localidad de Suba, en Bogotá, aumentaron en un 432%, mientras que la cobertura de árboles y arbustos se redujo en más del 50%.

Así lo establece la investigación realizada por el ingeniero Jerson Andrés Achicanoy, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), después de analizar la localidad por medio de unos lineamientos metodológicos basados en percepción remota y en sistemas de información geográfica.

Hasta el 2017, la Alcaldía Mayor de Bogotá reportó cerca 1,2 millones de habitantes en Suba, con 10.056 hectáreas y una de las zonas que alberga el mayor número de personas en Bogotá. Parte de esta área abarca los humedales Torca, La Conejera, Guaymaral, Córdoba y Juan Amarillo, que con el paso de los años han sido invadidos.

En su análisis, el ingeniero estructuró algunos lineamientos metodológicos mediante el uso de sensores remotos y sistemas de información geográfica. Tales herramientas sirven de guía para estudiar los cambios que presentan las ciudades a lo largo del tiempo en cuanto a expansión urbana, que de manera gradual eliminan la capa vegetal al degradar los ecosistemas naturales, cambiando su estructura y función.

Con esta guía, las administraciones locales podrían conocer puntualmente las necesidades y los límites de expansión de cada zona y, mediante proyecciones, realizar aproximaciones a los territorios, sostiene el investigador.

Suba en expansión

Para construir los lineamientos se seleccionó la localidad de Suba como unidad de análisis, ya que reúne características generales como la extensión y los cambios marcados por el crecimiento urbanístico.

Para ello se seleccionó el crecimiento poblacional, la expansión urbana, la inclusión de nuevas infraestructuras, el cambio de lo rural a lo urbano, el cambio en las coberturas vegetales y el uso de las reservas forestales y de parques para los periodos 1985-1995 y 2005-2015.

Luego se realizó una descarga de imágenes satelitales de la localidad, según información de la Infraestructura de Datos Espaciales para el Distrito Capital (Ideca), la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac).

Estas se analizaron y las coberturas vegetales se clasificaron en: zonas urbanas; vías y sistemas de transporte; humedales; cubierta forestal y arbustales; mosaico de pastos y cultivos; invernaderos y cuerpos de agua.

A través de eCognition, un software desarrollado por la empresa Trimble, se identificaron las diferentes clases de cobertura y se evaluaron mediante el análisis de métricas del paisaje, para determinar el cambio que ha sufrido la localidad en cada periodo de estudio. Dicha información fue llevada a TerrSet, otro software desarrollado por Clark Labs, que tiene el módulo de cambio de cobertura.

Menos bosque y pastizales

Este análisis permitió evidenciar que entre 1985 y 2015 hubo una expansión urbana de un 432%, pasando de 385 hectáreas a 1.667. El periodo en el que más hubo crecimiento de zonas urbanas ocurrió entre 1985 y 1995, con un 108 % de cambio. La pérdida de bosque y pastizales es la que más afecta la zona.

Para la validación de los lineamientos se desarrollaron modelos de proyección de las coberturas en Suba. Para ello se cuestionó qué tan acertados son los modelos de las coberturas a 2015. La comparación con los resultados de la interpretación de las imágenes mostró un 85 % de exactitud general de simulación.

Luego se realizó una proyección a 2020, que indica una reducción importante de la cubierta forestal y arbustales; la aproximación puede no llegar a ser ajena a la realidad, y aunque existe una política de arborización de Bogotá, la oferta de espacios disponibles para la siembra de nuevos árboles es reducida.

Por último, el ingeniero sostiene que las construcciones proyectadas sobre los territorios como la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) modifican el ecosistema natural y, con el tiempo, sus alrededores van a cambiar en su vocación y potencialidad de uso del suelo.