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Discurso de Posesión Carlos Fernando Galán Alcalde 2024-2027

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Tengo la convicción de que nacemos con la capacidad de soñar, de imaginar y de sentir ilusión ante un mejor mañana, uno por el que vale la pena trabajar. Y es que tal vez no haya en la vida una satisfacción más grande que la de tener un sueño, ojalá uno que parezca inalcanzable, y trabajar sin descanso para cumplirlo… hasta ver que, finalmente, se hace realidad. 

Con el paso del tiempo, aunque no dejamos de soñar, nos enfrentamos al desafío de no permitir que la ilusión que generan esos sueños sea reemplazada por la frustración de dar un mal paso o sufrir un revés. Porque el camino es largo y lo único que no podemos permitirnos es perder el norte ni aceptar que todo vale con tal de hacer nuestros sueños realidad. Porque a la meta solo se llega trabajando.

Hace 33 años a mi abuelo Mario le preguntaron qué mensaje le quería transmitir a los colombianos ante la tragedia que estaba viviendo nuestro país por la amenaza de los carteles de la droga. Su respuesta me quedó grabada en la mente y en el corazón para siempre: “recordemos aquellas palabras de Abraham Lincoln luego de una de sus derrotas; tenemos que tener fe y esperar un predominio de nuestros ideales y vivir con nuestros sueños agarrados al corazón para amanecer cantándolos”.

El camino es largo y por lo tanto es importante persistir, pero sobre todo lo es aprender. Aprender de cada uno de los obstáculos que nos pone la vida: ver lo que nos aportan y cómo nos transforman, nos hacen más fuertes, nos ofrecen distintas perspectivas y nos permiten valorar a quienes piensan distinto. 

Aprender también a rodearnos de quienes nos enriquecen el alma, nos levantan cuando nos caemos y nos recuerdan que ni las victorias ni las derrotas son las que nos definen. Por esto y por una infinidad de sacrificios, hoy le doy gracias a mi familia, a Carolina, por compartir y creer en este sueño y por ayudarme todos los días a hacerlo realidad sin perder el norte.

La vida me ha dado la oportunidad de aprender, de crecer, y de servirles a todos ustedes con humildad y disciplina para tener un impacto real en la vida de los bogotanos. Entiendo que soy su mandatario y ustedes son mis mandantes. Si estoy aquí es para trabajar por quienes me eligieron y también (y por igual) por mis críticos, que día a día me recuerdan los retos que enfrentamos como sociedad y que son la muestra perfecta de que la ciudad a la que decidí dedicar mi vida es rica y diversa, y que es a partir de esas diferencias que vamos a construir la Bogotá que soñamos. 

Mi sueño, desde muy joven, fue ser alcalde de Bogotá, porque me di cuenta de que es en lo local donde más rápido se pueden lograr las transformaciones que necesita una sociedad, y entendí que una ciudad sólo funciona cuando transforma la realidad y mejora la calidad de vida de sus habitantes, especialmente de quienes más obstáculos enfrentan en su cotidianidad. 

Hoy, ante ustedes, inicia la etapa más importante de mi vida. Tenemos cuatro años para que no sea uno, sino millones de sueños los que se cumplan y volvamos a mirar a Bogotá con ojos de ilusión, de orgullo y de amor. 

Asumo como Alcalde con una gran ilusión, pero también con una enorme responsabilidad porque entiendo que no tenemos tiempo que perder, y sé que para lograr que todos volvamos a creer en Bogotá, la ciudad necesita ver resultados. Y verlos pronto. 

Mi compromiso con todos ustedes es trabajar sin descanso para que los grandes proyectos y las obras claves para el futuro de nuestra ciudad avancen, nadie se acueste con hambre en Bogotá, los parques vuelvan a ser para los niños, en las calles dejen de reinar el miedo y el irrespeto por los demás, y juntos veamos cómo, con trabajo, hacemos realidad la Bogotá que soñamos. 
Una Bogotá en la que el gobierno distrital esté en la calle, con la gente, y trabaje de manera transparente, eficiente e íntegra por una ciudad más moderna, segura e incluyente. El conocimiento y la capacidad que tiene el gabinete que me va a acompañar son extraordinarios, pero para responder a las expectativas que tienen los ciudadanos debemos estar en contacto permanente con ellos, no en un escritorio o en una oficina encerrados la mayoría del tiempo. Las soluciones se construyen también con el conocimiento que dan las vivencias cotidianas de quienes habitan esta ciudad. Repito, mi instrucción es clara: funcionarios, a trabajar con la gente y desde los barrios.

Soñamos con una Bogotá que se fortalece gracias a la construcción de acuerdos que le permitan avanzar con el objetivo de servirle a la gente y mejorar la calidad de vida de todos los bogotanos. No podemos seguir en esas peleas de egos, de políticos que están pensando en poner su nombre en la placa de una obra y sacar pecho con algo que realmente le pertenece es a la ciudad. En buena medida la incapacidad que hemos tenido en Bogotá para darle continuidad a proyectos que toman tiempo y necesitan del compromiso de varias administraciones ha tenido que ver con eso, con egos que impiden llegar a acuerdos de ciudad. Vamos a dejar eso atrás.

Trabajaremos por una Bogotá que adopte nuevas tecnologías y trabaje hombro a hombro con la Policía para desarticular el crimen, mejorar la seguridad en el entorno urbano e impulsar una sana convivencia ciudadana para que todos sus habitantes recuperen la tranquilidad. No más lavadas de manos o peleas entre los que tienen la responsabilidad de mejorar la seguridad en Bogotá. En este gobierno asumimos desde ya la responsabilidad de liderar esa política y articular a todos los actores para enfrentar a las organizaciones criminales que operan en nuestra ciudad. Priorizando la inteligencia, la investigación criminal, apostándole a la tecnología y fortaleciendo la cooperación con la ciudadanía vamos a devolverle la ciudad a la gente.

Una Bogotá pionera en políticas públicas de cuidado y de equidad de género, que se consolida como un ejemplo a nivel nacional, regional y mundial de garantía de derechos e inclusión. La ciudad ha logrado avances muy importantes en este campo, pero el camino por recorrer aún es largo, no podemos seguir con más de mil mujeres en riesgo de feminicidio ni podemos permitir que el género o la orientación sexual sigan siendo causas de discriminación en nuestra ciudad.

Una Bogotá en donde las soluciones efectivas de movilidad conecten a todos los ciudadanos con servicios, educación, trabajo y demás oportunidades de una manera segura, inclusiva y sostenible. Bogotá se quedó muchos años discutiendo su sistema de transporte y no avanzamos mientras dejamos deteriorar lo que teníamos, que era y sigue siendo parte de la solución. Nosotros vamos a avanzar para que la ciudad tenga por fin en operación su primera línea de una red de metro, pero también vamos a mejorar Transmilenio, vamos a mejorar la calidad y seguridad de todo el sistema integrado de transporte y vamos a acelerar el proceso hacia una movilidad sostenible.

Una Bogotá en la que la educación sea el principal eje de desarrollo y todos los niños, niñas y jóvenes, desde la primera infancia hasta la educación superior, tengan acceso a educación de calidad y puedan desarrollar su proyecto de vida. La ciudad ha tenido logros importantes en el tránsito a la educación superior y tenemos que profundizarlos, pero no podemos olvidar la responsabilidad inicial: la primera infancia, lo que no hagamos en esos primeros años en la formación del ser humano, después no lo podremos recuperar.

Una Bogotá financieramente responsable, en la que los ciudadanos y los contribuyentes pueden volver a confiar porque ven que los recursos públicos son manejados con transparencia y eficiencia. Este mes de enero anunciaré un plan de austeridad del gasto, no podemos seguir multiplicando año a año los contratos de prestación de servicios ni gastando en cosas que no le producen un impacto claro y directo a la calidad de vida de los ciudadanos. Tenemos que ser capaces de hacer más con menos, los ciudadanos, con razón, nos lo están exigiendo.

Una Bogotá que impulsa la generación de empleo formal y la implementación de políticas que promueven la digitalización y la competitividad de las pequeñas y medianas empresas y hacen de Bogotá una ciudad más productiva.

Una Bogotá planificada, que avanza en obras de infraestructura, equipamientos y vivienda, que generan calidad de vida y contribuyen a reducir la segregación y el desequilibrio territorial. Una Bogotá que sea la misma para todos sus ciudadanos.

Una Bogotá en la que todos sus habitantes tengan acceso oportuno a un servicio de salud digno y de calidad. Para lograrlo tenemos que revisar la situación actual de las subredes, que enfrentan una crítica situación financiera. Y tenemos también que fortalecer y apoyar a Capital Salud.

Una Bogotá que trabaje en la reactivación mediante programas de vivienda, incluyendo un enfoque de adaptación al cambio climático, para que cada día sean más los bogotanos con una solución de vivienda digna. Las perspectivas económicas para este año no son buenas, la caída en sectores como la construcción tendrá un grave impacto en el empleo. Nuestra apuesta es iniciar un plan contracíclico, un plan de choque que reactive la construcción y apoye directamente a las mipymes, las empresas que generan la mayoría del empleo.

Una Bogotá sostenible y resiliente al cambio climático, en la que el respeto por el medio ambiente guíe cada una de las acciones tanto de la administración como de la ciudadanía. Con sustento científico, protegiendo la estructura ecológica principal y garantizando también que los habitantes de la ciudad la disfruten y se la apropien.

Una Bogotá de oportunidades para todos y no de privilegios para unos pocos, en la que la integración social sea la clave para reconciliar a nuestra sociedad. Una ciudad que siga avanzando en la lucha contra la pobreza, una ciudad que no acepta que ningún habitante sienta hambre y también una ciudad que genera una hoja de ruta para que quienes requieren de un apoyo puedan también construir un proyecto de vida con dignidad e ingresos propios.

Una Bogotá que revitalice y fortalezca sus lazos de confianza a través de la cultura. Una ciudad que se construya desde los barrios y sea solidaria, en la que todos nos preocupemos por el bienestar del otro. Bogotá seguirá creciendo en su rol de liderazgo como un epicentro de grandes actividades culturales y del entretenimiento, pero también vamos a apostarle a la cultura como el vehículo que nos llevará a reconocer y respetar al otro, a valorar y respetar lo que somos.

Una Bogotá que opera con total respeto por las normas y la legalidad, en la que la lucha contra la corrupción no es un discurso bonito sino una lucha frontal para que los bogotanos recuperen la confianza en una ciudad que avanza con eficiencia. 

Una Bogotá en la que el metro es una realidad 

Porque el 29 de octubre recibimos un mandato contundente para trabajar por el sueño de millones de bogotanos que, a pesar de los años y los tropiezos, todavía esperan con ansias la llegada del metro. Un metro de verdad: como el que está contratado y avanza. Un metro que no va a solucionar todos nuestros problemas de movilidad, pero sí va a acercarnos, a integrar a las distintas poblaciones que comparten hoy un espacio, pero no se sienten paisanos, a permitir el desarrollo de nuevas empresas, a dar la bienvenida a turistas para que recorran Bogotá, sus restaurantes, murales, teatros, museos y arquitectura, a permitirnos bajarnos del vehículo particular y ganar calidad del aire y tiempo con nuestras familias. 

Y, sobre todo, un metro que va a devolvernos la confianza en nosotros mismos y el orgullo por nuestra ciudad: nos va a hacer soñar juntos con una ciudad mejor, más justa y más moderna, una ciudad que avanza.

No podemos y no vamos a descuidar los grandes proyectos de ciudad, pero tampoco podemos subestimar ni dejar de lado los cambios en lo cotidiano: esas pequeñas transformaciones que pueden marcar una enorme diferencia. 

Por eso hoy, además de un compromiso, quiero hacerles una invitación. Un llamado a que no perdamos la capacidad de soñar, porque ese es el motor que nos impulsa a trabajar JUNTOS para hacer de nuestros sueños una realidad. 

Los retos nos obligan a todos a trabajar de la mano. Porque no hay vías suficientes si los mal parqueados anulan un carril, no hay andenes suficientes si terminan siendo colonizados sin orden ni permisos o terminan invadidos por vehículos, no hay gestión del tráfico que sirva si seguimos bloqueando intersecciones o haciendo doble fila para cruzar, no hay ciclorutas suficientes si le tiramos el carro al ciclista, no hay comida suficiente para acabar el hambre si la seguimos tirando a la basura, y no hay subsidio que alcance si la empresa privada no genera oportunidades de empleo, inclusión y encadenamientos productivos con microempresas, emprendimientos de mujeres y unidades de economía popular.

A finales de los 60, en medio de manifestaciones por un futuro mejor, jóvenes franceses escribieron en las calles una frase a la que siempre vuelvo: “sean realistas, pidan lo imposible.” Y esa es hoy mi invitación: volvamos a soñar. Levantémonos día a día con la convicción de que, si nos unimos y trabajamos juntos por Bogotá, vamos a poder quitarnos de encima las frustraciones y volver a sentir ilusión por lo que podemos lograr. 

Porque Bogotá, por encima de todas las cosas, necesita un esfuerzo colectivo. Cada cambio que hagamos, por pequeño que parezca, puede llevar a grandes transformaciones. Volvamos a confiar en nosotros mismos, en los demás y en la capacidad de Bogotá para sorprendernos. 

A la Policía le quiero manifestar hoy mi respaldo y mi respeto. A partir de hoy vamos a trabajar al unísono, desde el mismo lado y como parte de un mismo equipo con un compromiso de doble vía: a ustedes todo nuestro apoyo para que puedan cumplir con sus funciones y, juntos, le devolvamos la tranquilidad a Bogotá.

Al Concejo toda mi disposición para que trabajemos por un propósito superior: hacer de Bogotá una ciudad mejor para todos. Serán 4 años de trabajo sin descanso: demos los debates con respeto, con altura y siempre pensando en Bogotá.

Al Gobierno nacional le reitero que acá tiene un aliado para hacer que los grandes proyectos de Bogotá salgan adelante. Nuestra ciudad merece ver que las obras avanzan y que el futuro, que hoy parece lejano, se hace realidad. Claro que hay diferencias, pero ¿para qué enfrascarnos en lo que nos divide, si existen tantos puntos de encuentro a partir de los que podemos trabajar JUNTOS?

Bogotanos y bogotanas: tienen mi palabra. No vamos a descansar hasta que cumplamos estos compromisos y todos volvamos a sentirnos orgullosos de nuestra ciudad, una ciudad que avanza, que mira al mundo sin complejos y que transforma sus viejas frustraciones en ilusiones nuevas. No les puedo prometer lo imposible, pero sí me comprometo a siempre hablarles con la verdad, a gobernar con transparencia, a rodearme de expertos que me ayuden y me critiquen, y que quieran, por encima de cualquier cosa, cambiarle la vida a Bogotá.

Hoy quiero invitarlos a que volvamos a creer en nosotros mismos y en nuestra ciudad. A que seamos realistas, pero soñemos con lo imposible. A que volvamos a ilusionarnos y esta vez lo hagamos juntos, y trabajemos con amor y sin descanso para hacer esos sueños realidad. 

La responsabilidad es enorme, pero las posibilidades también lo son. Está en nuestras manos. A trabajar por este sueño.

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