Una decisión de la autoridad de patentes en España reabre el debate sobre el alcance global de las marcas latinoamericanas. El caso de Frisby, emblema del pollo frito colombiano, enfrenta ahora un nuevo capítulo en Europa mientras persiste la incertidumbre jurídica.
La batalla legal por el nombre de Frisby dio un giro clave este 23 de abril de 2026. La Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) falló a favor de Frisby España S.L. y declaró la caducidad de las marcas “Frisby” y “Frisby Pollo Frito” que pertenecían a la empresa colombiana Frisby S.A. BIC. La razón: no se logró demostrar un uso real y efectivo de la marca en territorio español.
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La decisión, conocida en primicia por medios radiales colombianos, pone en evidencia una tensión recurrente en el mundo empresarial: registrar una marca en el exterior no garantiza su permanencia si no hay actividad comercial concreta en ese país. Según la OEPM, las pruebas presentadas por la compañía colombiana —como descargas de su aplicación, presencia en redes sociales o reconocimiento entre la diáspora— no fueron suficientes para acreditar uso. En palabras del organismo, el consumo del producto sigue limitado a Colombia, lo que hace inviable que un cliente en España acceda al servicio.
Este fallo implica la cancelación de registros que Frisby Colombia mantenía desde 2001 en España, abriendo la puerta para que la empresa española utilice legalmente el nombre en ese mercado. Más allá del caso puntual, la resolución reaviva preguntas sobre cómo las marcas latinoamericanas gestionan su expansión internacional y protegen su identidad en mercados extranjeros.
Sin embargo, la disputa está lejos de concluir. El próximo capítulo se jugará en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, que deberá pronunciarse sobre la validez de la marca en todo el bloque comunitario. Su decisión será determinante no solo para Frisby, sino también para sentar precedentes sobre el uso efectivo de marcas en la Unión Europea.
En Colombia, donde Frisby es más que una cadena de comida rápida —un símbolo cultural y empresarial—, el caso ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos ven el fallo como un llamado de atención sobre la internacionalización de las empresas locales, otros lo interpretan como un episodio más de las complejidades legales que enfrentan las marcas del sur global en escenarios internacionales.
Por ahora, el nombre Frisby queda en disputa más allá de sus fronteras naturales, recordando que en el mundo globalizado, incluso los íconos más arraigados pueden perder terreno si no logran ocuparlo efectivamente.
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