Cuando alcancé a oler la Depresión

Por Beatriz Helena Álvarez

Qué fibra tan delgada hay entre la tristeza y la depresión, es frágil y muy vulnerable, tanto, que si logra pasar al otro lado muchos no tienen la oportunidad de dar vuelta atrás y terminan literalmente tirándose de un puente como el trágico caso de la madre y su hijo en Ibagué que sin duda conmocionó a todo el país… Esa historia me impactó tan profundamente que me hizo recordar el momento de la vida en el que alcancé a oler la depresión pero que gracias a una decisión determinada de trabajar mi interior pude ser más fuerte que ella. 

Por fortuna hoy día las alarmas están prendidas acerca de esta enfermedad silenciosa que cobra más vidas que la diabetes. Hay mucha información médica y psicológica sobre las causas hereditarias, adquiridas por circunstancias de difícil manejo o una más fuerte: vacío espiritual!!! 

Y en este blog me voy a referir a ésta última porque considero es la que nos puede salvar no sólo de la depresión sino de cualquier daño externo o auto inflingido. Mencionaré mi historia para compartir con ustedes lo que evitó que la tristeza tomara vuelo.

En algún momento pasé por una situación compleja (la complejidad en cada uno varía según el estilo de vida, educación, patrones de comportamiento, historia, miedos del pasado, etc, etc) yo atravesaba por una que no entendía y que me estaba costando como nada. 

Sentía que cada escena venía como una ola que no me dejaba respirar, por ende tampoco pensar y cuando lograba salir a flote terminaba sin aliento, cansada de luchar y como diría yo “desangelada” lo que poco a poco fue haciendo mella en mi estado de ánimo e incluso en mi auto estima.

Fue pasando el tiempo creyéndome fuerte frente al reto pero en realidad era él quien me estaba ganando aunque no se notara, ya no era la misma de antes: alegre, desprevenida, positiva, calmada; ahora estaba ausente, reactiva, intolerante y sola, porque uno de los problemas de personas Alfa o fuertes de personalidad es que creemos que podemos con todo y que podemos sostener pero nunca ser sostenidos (primer error) por eso muchos no piden ayuda.

Después de algunos meses noté que ya no le encontraba gusto a muchas cosas, que dejé de hacer otras que antes me apasionaban, que no lograba sentirme feliz, que había un vacío que intentaba llenar con momentos pasajeros pero la situación seguía siendo difícil para mi entendimiento y ahora estaba siéndolo más para mi alma.

Pesada y angustiada un día decidí buscar las repuestas que no tenía y fui por ayuda, entré a un programa de liderazgo y allí pude liberar mi dolor, fue el primer paso de mi salvación pues desde allí no paré de trabajar en mi interior hasta encontrar el camino a casa, a Dios!!! 

Fueron varios años de aprendizaje, estudio, llanto, intentos fallidos para avanzar pero algo hizo click en mi corazón con toda esa situación dolorosa y fue cuando sentí que había avanzado tanto en mi nivel de consciencia que ahora había adquirido un gran propósito, el de ayudar a otros a encontrar el camino del amor y la rendición, del empoderamiento espiritual que hace poner límites y amarse como nunca.

Me enamoré del Coaching, del Desarrollo Personal y la transformación porque comprobé su valor y lo necesario que es en estas épocas de banalidad, odio y falta de amor.

Así que amigos no creamos que la solución a los problemas vienen por inercia o demeritemos su poder frente a nuestro control, dejar la tristeza sola es permitirle que crezca sin límites por eso busca ayuda, date el permiso de adquirir nuevas herramientas para el Alma, eleva tu espíritu hacia la fuente donde todo se corrige y se cura.

Es mi historia y mi testimonio que hoy comparto libremente porque sé que puede servirte de algo si estás pasando por un momento difícil, ahora me siento más fuerte para parar, leer el mensaje de todo, Elegir y redireccionar el camino hacia mi felicidad. Todos lo podemos hacer… Feliz Vida!!! 

Espero tus comentarios y opiniones a mi correo felizcomobeatriz@gmail.com

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