5.000 metros de tela bordada por las víctimas cubrirán el Palacio de Justicia

“La tierra está llorando, no aguanta tantos cuerpos sin nombre, esta guerra sin causa, ¿cuándo va a terminar?”.

Así son los versos que compone y canta Virgelina Chará, una mujer negra de 64 años, valerosa, rezandera, sobreviviente, tejedora y cristiana.

Nació en el municipio de Suárez, Cauca, y ha vivido tantas cosas que su historia le da para escribir varios libros si quisiera.

Fue víctima de dos desplazamientos forzados. El primero desde su natal Suárez hasta Santiago de Cali, por oponerse a la construcción del Embalse Salvajina, durante el año 1985. Lugar que era habitado en su totalidad por comunidad negra.

El desplazamiento fue masivo, al menos 6.700 familias fueron desplazadas. Virgelina fue testigo y a la vez denunció los hechos de esclavitud, violencia, abuso sexual a mujeres y las consecuencias en general que trajo consigo la llegada del “desarrollo” a su territorio.

 “En los territorios el muerto es de toda la comunidad, pero en las grandes ciudades, el muerto parece ser un negocio”, asegura.

El segundo desplazamiento fue desde Santiago de Cali hasta Bogotá. Una vez más decidió no callar frente a las escenas de violencia, en este caso protagonizadas por diversos y variados grupos armados.

No optaba por el silencio, al contrario, siempre ha defendido los derechos humanos, es un acto de valentía que le ha costado ser víctima de amenazas permanentes contra su vida y la de su grupo familiar.

Virgelina tiene claro que la paz depende de políticas públicas y sociales incluyentes, que depende de la justicia y de la reivindicación de los derechos de todas las personas, en especial de aquellas que han sido víctimas del conflicto armado en Colombia.

“Dígame señor Gobierno, que nos puede contestar,

se llevaron la familia y no sabemos dónde están, 

no sabemos dónde están, no sabemos dónde están”

Virgelina tiene unos ojos profundos de color azul, aunque ella asegura que en realidad son grises, herencia que su abuela materna le dejó.

Tiene seis hijos y 15 nietos que son su adoración. Dos de sus hijos ya no están, una de ellas falleció y el otro desapareció. Hace cuatro años no sabe nada de él. Se lo llevaron en el municipio de Cundinamarca.

“Más que hablar de la desaparición de mi hijo, quiero ayudar para que en Colombia no vuelva a desaparecer el hijo de ninguna otra mamá”, concluye.

Coser 5.000 metros de tela para cubrir el Palacio de Justicia

A Virgelina le gusta coser, bordar e invitar a la comunidad a que practiquen este arte liberador. Invita a la propuesta de transformación social y del modelo político y económico actual del país.

Ya son 16 años habitando en Bogotá. Ese tiempo le ha dado a Virgelina el aguante, la experiencia y arraigo por su labor costurera, cantaora, madre, abuela y defensora de los derechos humanos. No en vano fue nominada al Nobel de Paz en el 2005.

Desde hace cinco años se vinculó al equipo de la ‘Unión de Costureros’ en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá y es representante de Asomujer y Trabajo de Colombia. Tela sobre tela, retazo a retazo, ella y sus compañeros de lucha bordan con sus manos las historias y los casos las víctimas del conflicto armado.

Su meta actual es coser con retazos de tela, con retazos de historias, con retazos de lucha por la injusticia, 5.000 metros de un cobertor que servirá para cubrir la fachada del Palacio de Justicia en Bogotá.

“Este es un acto simbólico que estará listo para el próximo año. En el 2.020 cubriremos el Palacio de Justicia con nuestras historias. Es un acto simbólico en el que dejaremos un mensaje al gobierno para que se despabile y preste atención a los hechos violentos que suceden en el país”, explica Virgelina.

En palabras de Virgelina, este será un acto simbólico en el que no habrá necesidad de tomar un arma, en el que no habrá necesidad de insultar a nadie. Sus armas serán las agujas, los hilos, las tijeras y los retazos de tela que visibilizan y cuentan las historias de millones de víctimas que ha padecido la nación.

Según cifras de la Alta Consejería para las Víctimas, en Bogotá habitan 334.184 víctimas del conflicto armado. A nivel nacional, la cifra de víctimas supera los 8 millones de personas.

“Hombres violentos dejá de pelear,

tú eres colombiano, no abandones tu hogar,

deja ya esos fusiles, construyamos la paz,

Pues la paz es de todos, la vamos a alcanzar”.

Virgelina lleva un año cociendo estos retazos de tela en compañía de hombres y mujeres víctimas del conflicto armado que son parte de ‘Asomujer y trabajo de Colombia’, de la fundación ‘Unión del Costurero y de la Red de Protegedoras de Memoria’ y cuentan con el apoyo de 20 universidades, de colegios públicos y privados, de seis organizaciones de derechos humanos y de entidades del Distrito.

Si quieres ser parte de esta iniciativa, puedes donar retazos de tela y llevarlos al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación (Cra 19b # 24-86) los días lunes, martes, miércoles y sábados de 9:00 a 5:00 de la tarde.

 “Si hasta el momento no me he muerto es porque Dios me tiene para grandes cosas. Los mismos victimarios me lo han dicho. No sé cuáles serán esas cosas, pero mientras tanto sigo dando lora”, concluye Virgelina.

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