Colombia en el 2019: entre los vientos huracanados de la geopolítica, la volatilidad financiera internacional; y los densos nubarrones de la gestión hacendística y tributaria local

Por Henry Amorocho Moreno

En noviembre de 2018, nos referimos a la estimación de algunas perspectivas económicas para el año 2019. Registramos que el año 2018 posiblemente cerraría, con un crecimiento en el PIB de aproximadamente 2.5%. De Igual manera, también señalamos, que para el año 2019, se podría presentar un comportamiento del precio del dólar cercano a los $3.150, y del petróleo Brent de US$ 68 barril. Así mismo, hicimos la salvedad de que dichas cifras quedaban sujetas a factores imponderables en el escenario global; tales como las polémicas decisiones del Presidente Trump en materia económica y de relaciones comerciales internacionales. De la misma manera, los factores más importantes en el horizonte local, se preveían debido a las sorpresas que pudiera traer el contenido del texto que aprobara el Congreso de la República de la ley de financiamiento.

Ahora bien, se pudo observar a finales de 2018 y en lo que va transcurrido de 2019 que el panorama se caracterizó por una fuerte volatilidad en los mercados internacionales; identificados por subidas y bajadas extremas en los precios de las acciones y los precios de las materias primas. Así mismo, han sido y seguirán siendo sensibles en el comportamiento de transición entre 2018 y 2019 los siguientes factores: los desequilibrios macro-financieros en China; los temores de una desaceleración del crecimiento en USA para el año que empieza; y las guerras comerciales de Washington con Pekín y otros países de nuestra esfera terrestre, que amenaza con la evidente desaceleración de la economía mundial y en particular de la república China en 2019. Finalmente, y no menos importante, es registrar el fin del período de expansión monetaria en USA, Europa y Japón; y desde el punto de vista geopolítico, la incendiaria hoguera que se podría producir en el medio oriente, por el retiro de las tropas de USA en Siria.

De otra parte, si por la esfera global se vislumbran fuertes y huracanados vientos; en la línea de visión local, se reflejan eventuales sequías por circunstancias relacionadas con posibles choques inflacionarios relacionados con el fenómeno de El Niño. Este fenómeno natural presionaría el precio de los alimentos y las tarifas de energía en el primer semestre de 2019. Igualmente, por el efecto del fenómeno del niño el agro podría reducir su crecimiento en aproximadamente un 1.1% entre 2018 y 2019. Así mismo, la menor dinámica del crecimiento económico de varios de los socios comerciales de nuestro país, podría cobrar factura en el comportamiento del PIB en la presente vigencia. Esto hace inaplazable que se destranquen los avances y la ejecución de los proyectos de infraestructura en vías 4G, la ejecución de los programas del posconflicto, el Plan Pacífico, y las obras financiadas con recursos del Sistema General de Regalías entre otros. So pena de no lograrse un crecimiento mayor al 3% del PIB en el año 2019.

El mar picado y el oleaje bravío se perciben también en la incertidumbre fiscal que deja el opaco recaudo tributario en 2018, que fue solo $ 1billon superior al de 2017, y tuvo un comportamiento del 1% por debajo del Marco Fiscal de Mediano Plazo. Así mismo, mientras la ley de financiamiento aprieta el cinturón a los trabajadores y a las pensiones superiores a $ 2.885.000 mensuales; por otra parte, crea y revive beneficios como la estabilidad tributaria y el descuento en compra de activos para grandes y pequeños empresarios. Esto tendrá un impacto negativo sobre los ingresos fiscales a partir de 2020, debido a que no es claro el efecto positivo que se obtenga por la disminución de las cargas y los incentivos tributarios para dinamizar la inversión privada. De hecho, en los últimos 18 años el sector empresarial colombiano sólo ha presentado crecimiento promedio del 0.5% de productividad; lo cual genera de suyo incertidumbre fiscal. Así mismo, por la anterior situación también se propaga el nerviosismo en las calificadoras de riesgo; las cuales podrían presentar sugerencias que conduzcan al aumento del recaudo tributario, por la expresa vía de una próxima reforma tributaria a partir del año 2020.

Descrito el horizonte global y local, es oportuno referirnos al posible comportamiento de 5 de los indicadores más importantes de la Economía, como son: El crecimiento económico, el precio del petróleo, el precio del dólar y el índice de precios al consumidor (IPC).

En materia de crecimiento económico, las autoridades del Estado acostumbran a ser siempre muy optimistas, en el 2018 se estimó un crecimiento del 3% y finalmente se va a cerrar con un crecimiento del PIB entre 2.5 y 2.6%; y para el 2019 el Banco de la República espera un crecimiento del PIB entre 3.3% y 3.5%. Por su parte, este columnista espera que el crecimiento del PIB tenga un comportamiento entre 3.0 y 3.1%, sujeto a que se dinamicen las rezagadas obras públicas, que presentan un atraso del 41%; e igualmente, a que se ejecuten los compromisos del posconflicto sobre todo en materia de desarrollo rural. Es decir, el gobierno nacional debe pensar objetivamente en un crecimiento armónico, entre el desarrollo rural y la gran agricultura comercial, bajo la égida de la naturaleza como brújula de desarrollo. Teniendo también en cuenta, un entorno claro de política pública, con el apoyo decidido del Estado en materia financiera. Por último, cabe agregar que la inversión extranjera directa se redujo en un 14.1% en 2018, y que los índices de confianza y de confianza del consumidor, se redujeron en diciembre en -19% Y -8.3% respectivamente.

Con relación al precio del petróleo y del dólar para el 2019, de acuerdo con el análisis global y local aquí realizado, se prevé un comportamiento del precio del dólar promedio cercano a los $3.150 en; y de US$68 barril para el precio del petróleo Brent.
Finalmente, este autor no comparte la visión de muchos analistas que sostienen que el IPC de 3.18%, es un gran logro del Banco de la República. Por el contrario, cifras como la reducción de 8.3% en el índice de confianza del consumidor en diciembre de 2018, y el equívoco debate de cerca de 4 meses para apretar tributariamente a los trabajadores y consumidores colombianos, incidieron nefastamente sobre el consumo, y tuvieron como consecuencia un aplanamiento del IPC. Es decir, no fue por regulación del Banco de la República, sino por factores externos como: la baja ejecución del gasto en obras de infraestructura; la incertidumbre política de los 6 primeros meses de 2018; y el equívoco trámite de la ley de financiamiento, los que finalmente coadyuvaron al logro de una inflación cercana al rango meta del 3%. Para el año 2019, este autor estima un comportamiento del IPC cercano al 3.5%. Es decir, el gran sacrificado de la economía colombiana en 2018 fue el consumo, en contraposición a lo que ocurre en países desarrollados.

Henry Amorocho Moreno

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