EN PAREJA DOS

Sin duda una de las mayores peticiones para este nuevo año entre un gran número de personas es: Tener una pareja.  Y no sólo una pareja para pasar el rato, porque de eso abunda, sino una para quedarse, para establecerse, para amarse. Un gran regalo que anhelamos como si fuera una rosa, pero el tema es que la pedimos sin espinas y la verdad… eso es imposible.

Las relaciones de pareja son el laboratorio del autodescubrimiento por excelencia, porque funcionan como un espejo en el que se reflejan todos los miedos, creencias, aversiones, conflictos internos y demás obstáculos que nos sirven para el crecimiento y evolución espiritual¸ de otra forma podríamos salir corriendo y huyendo de ellos, pero en pareja el objetivo es aprender a gestionar la confrontación de forma cada vez más honda y reveladora.

Una de las fórmulas eficaces para hacer que una relación corta se prolongue sin morir en el intento es usar unas gafas nuevas cada día, es decir, cultivar un estado de atención y presencia que permita vivir cada instante como nuevo, reseteando así nuestras gafas internas. Que tu mirada sea de principiante sin prejuicios ni expectativas, ese hábito nos ubica siempre en el Presente y no el pasado o el futuro que acaba con el sueño de edificar una relación.

Ante problemas de convivencia, conflictos y desacuerdos no hay terapeuta que valga si no tienes una base espiritual fuerte, así que tu responsabilidad primordial es tener una relación íntima primero con tu Ser Supremo, de lo contrario cualquier insignificancia podrá tomar trascendencia cuando no se tiene conocimiento sobre lo realmente importante.

Debes tener en cuenta que si quieres encontrarte de frente con el amor, debes arriesgarte a ser herido una y mil veces, y aún con la herida abierta asumir el camino que elegimos a través de la luz y de las sombras. Espero que este año sea el del Amor, te dejo un extracto de un buen escrito de Bertrand Russell.

“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida:

El ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento humano… He buscado el amor,  primero porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad que en una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida.

Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que –al fin- he hallado”.

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