La humildad también se juega fuera de la cancha
Por estos días, Colombia vuelve a depositar sus ilusiones en la Selección Nacional. Millones de ciudadanos acompañarán desde la distancia cada partido, cada jugada y cada sueño de un equipo que no solo representa un escudo o una camiseta, sino también los anhelos de un país entero.
Por eso no deja de ser oportuno el mensaje que el presidente Gustavo Petro dirigió a los jugadores durante el acto de despedida realizado en Catam antes de su viaje al Mundial de Fútbol 2026. Más allá de las diferencias políticas que puedan existir frente al mandatario, hubo una reflexión que merece ser escuchada: “el equipo debe tener la humildad como un principio antes que nada”.
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La frase adquiere una relevancia especial a la luz de una polémica que surgió en redes sociales tras el evento. Diversos usuarios cuestionaron la actitud del jugador James Rodríguez frente a Antonella Petro, hija menor del presidente, una joven que ha manifestado públicamente desde niña su afición por el fútbol y su admiración por varios de los jugadores del combinado nacional.
Según las imágenes y versiones que circularon ampliamente, la joven intentó obtener una fotografía con el futbolista, sin obtener la respuesta que esperaba. Las interpretaciones sobre lo ocurrido son diversas y probablemente solo los protagonistas conocen con exactitud el contexto completo del momento. Sin embargo, la reacción ciudadana deja en evidencia una discusión más profunda que va mucho más allá de una fotografía.
La pregunta de fondo no es si un deportista está obligado a tomarse una foto con alguien. Evidentemente no lo está. Ninguna figura pública pierde su derecho a decidir cuándo, cómo o con quién interactuar. El verdadero debate gira alrededor de la dimensión simbólica que adquieren ciertos gestos cuando se representa a una nación.
La Selección Colombia no es un club privado ni una marca comercial cualquiera. Es el equipo que porta la bandera de todos los colombianos. Cada jugador, especialmente aquellos que han alcanzado la condición de ídolos nacionales, encarna valores que trascienden el resultado deportivo. Los niños y jóvenes no solo observan cómo juegan sus referentes; también observan cómo se comportan.
Por eso resulta inevitable preguntarse qué mensaje reciben las nuevas generaciones cuando perciben distancia, indiferencia o falta de empatía de quienes ocupan los lugares más altos de la admiración pública. El liderazgo no se construye únicamente con goles, asistencias o trofeos. También se construye con pequeños actos de cortesía, sencillez y humanidad.
James Rodríguez ha sido, sin discusión, uno de los futbolistas importantes en la historia del fútbol colombiano. Su talento ha llevado el nombre del país a los escenarios más prestigiosos del mundo. Precisamente por esa condición, su responsabilidad como referente es mayor. Como padre de una hija adolescente, seguramente comprende la emoción que puede sentir un joven admirador al acercarse a una figura que ha seguido durante años. Esa comprensión humana es la que muchos ciudadanos esperaban ver reflejada en aquel encuentro.
Quizás lo ocurrido haya sido un malentendido. Quizás las circunstancias del protocolo, el tiempo o la logística impidieron una interacción distinta. Pero cuando la percepción que queda en buena parte de la opinión pública es la de una actitud distante, el daño a la imagen ya está hecho. Y en estos tiempos, las imágenes comunican tanto como las palabras.
Paradójicamente, el episodio parece darle aún más vigencia al mensaje presidencial. Petro habló de la humildad como antídoto frente a la soberbia y la codicia. Habló de recordar que la fama es pasajera y que ningún reconocimiento está por encima de la condición humana. Son palabras que trascienden cualquier ideología política y que deberían resonar en cualquier persona investida de notoriedad pública.
La Selección Colombia tiene todas las condiciones para hacer un gran Mundial. El país espera que triunfe, que compita con grandeza y que alcance los objetivos deportivos más ambiciosos. Pero también espera algo más sencillo y quizá más importante: que quienes la integran recuerden que representan a millones de personas de todas las edades, regiones y condiciones sociales.
Los campeonatos se recuerdan por los resultados. Los ídolos, en cambio, se recuerdan por su carácter.
Y la humildad, como dijo el presidente en su despedida, también se juega fuera de la cancha.
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